miércoles, 14 de octubre de 2015

ALÍ BABÁ Y LOS 212 SENADORES

                
               La noticia es de hace unos meses, pero por desgracia-no para los protagonistas, sino para los secundarios, que somos los que pagamos el pato-, el asunto se repite tanto que podría haber sido de hoy mismo por la mañana. Tengo la imagen que fue portada de un periódico de tirada nacional ante mí, para inspirarme mientras hundo tecla, o para encabronarme. Un poco de todo.

            Eran las once y cuarto de la mañana de un jueves más dentro del curso político, y sus excelentes y holgazanas señorías, aún no habían asomado por el Senado sus honestas y paniaguadas narices ni para decir que hay de lo mío. Algo que me temo, es más habitual de lo que se cuenta en algunos medios de comunicación. Pero hasta en eso hay amiguismo. Ya saben, el senador tal, que le dice al periódico o al periodista de turno-no todos pasan por el aro, ni por todo el oro del mundo. Aún quedan grandes profesionales, por suerte-; oye no me jodas, no vayas a sacarme el senado vacío todos los días, que el pueblo este no entiende de nuestras necesidades y lo mismo se piensan que somos uno vagos que te rilas, y comienzan otra vez con la matraca de que el Senado no vale para nada, que hay que eliminarlo y tal… y a ver qué hacemos con los amigos, y demás paquidermos políticos que se han quedado para el arrastre después de las últimas elecciones. Y lo que te rondaré morena.

            Hágase a la idea querido y avispado lector. De los doscientos sesenta y seis senadores que ocupan-o deberían- el hemiciclo a diario, el fotógrafo captó tan solo a cincuenta y cuatro. Poco más de un veinte por ciento del aforo. Una de las estafas mejor trabajadas, casi tanto como la zona azul, ya saben, hacer un aparcamiento privado en mitad de la vía pública, cuyo mantenimiento además pagamos entre todos.

            Miraba después-para seguir encabronándome un poquito más- el presupuesto que el estado designa a estos grandes trabajadores, merecedores todos de la medalla al trabajo y de las vacaciones en hotel ilegal con todo incluido. No solo me asombran sus sueldos, de catorce pagas y alojamiento incluido-incluso a los que atesoran varias viviendas en Madrid-, sino que hay algo que me hurga bastante más las asaduras, algo como son los viajes gratuitos y semanales a diferentes ciudad que no son la suya- Es decir, no solo tiene derecho a viajar cada fin de semana y fiestas de guardar a su casa a cuenta del contribuyente, sino que pueden irse de vacaciones a donde les salga del cimbrel-al estilo Monago-, y se lo pagamos entre todos. Eso sí, no se les ocurra pedir cuentas, porque además los viajes y los gastos de los senadores son secretos. Como mucho, y  prácticamente haciéndote un favor, alguien te dice que el Senado de todos los españoles, se gasta más o menos, un millón y medio de euros en viajes de senadores cada seis meses. Un presupuesto más que importante para personas que-en muchos casos- no saben ni donde tienen su puesto de trabajo.

            Muchos pensarán por lo anterior, que el Senado español no sirve para nada, que todos los que disfrutan allí de unas vacaciones perpetuas con pensión vitalicia-y que cuyo mayor mérito en muchas ocasiones ha sido no conseguir ganar unas elecciones locales o autonómicas-, deberían irse a su casa y cerrar el garito. Pues no, se equivocan, pues el Senado es la mayor obra de beneficencia para aquellos que no han sido capaces de conseguir lo que se esperaba de ellos, y que sin embargo se llenan la boca dando consejos laborales, de honestidad y moral. Ya saben, el premio de la patada hacía arriba. Cuanto mayor es el peso del nombre del tipo o de la tipa en cuestión, y más amplia la capacidad del mismo o de la misma para estorbar en el buen-o mal- hacer de un partido o de una empresa, solo queda una opción; el ascenso inmediato. El colocar al tipo o a la tipa en el puesto de mayor relevancia, pero donde menos decisiones deban tomar. Y así es como acabamos sufriendo a todos los estómagos agradecidos que no saben hacer otra cosa que vivir del dinero público.


            Este cementerio de elefantes políticos podría ser hasta útil, algunos políticos incluso se escudan en que es necesario tener allí a los cadáveres políticos de todos los partidos, colores e ideologías-los que la tengan, que son minoría-, pues su gran y dilatada experiencia, debería ser útil para el buen devenir de las decisiones de un país. Así debería de serlo al menos en la práctica, pero la realidad dista mucho de ello. El Senado, además de ser un trabajo para políticos a media jornada y de caraduras a jornada completa, se ha convertido en el último clavo ardiendo al que se agarran todos los políticos imputados en la larga lista de casos de corrupción que cubren el país, como antiguamente lo hacían los árboles que devastaron para sus presuntos pelotazos urbanísticos. La cueva de Alí Babá moderna y a la vista de todos; calle Bailén, número tres.