miércoles, 11 de noviembre de 2015

SOBRE EUFEMISMOS Y SINVERGÜENZAS

          
          Leo ─diría que estupefacto aunque sería falso, por lo prolijo y repetido de este tipo de noticias─ que el Ministerio de Fomento español y el departamento encabezado por la ministra del ramo, adjudicó a dedo decenas de obras públicas que ya estaban incluidas con anterioridad en otras licitaciones ─es decir, que se pagó dos veces por un mismo servicio─, y que éstas llegaron a tener un sobre coste final de más del cincuenta por ciento de los calculado en un primer momento. Mueca de enfado que se difumina con el primer sorbo de café mañanero.

Como les digo, leía el titular y la noticia con aguante estoico, una ruina más, otra a sumar a la lista, un marca a mayores en la columna del debe de esta panda de golfos apandadores con valija diplomática y coche oficial. Suspiro profundo y mutis por el foro que escribirían en un libreto de teatro. Pero ese día no fue así, esa mañana no aparté de mí el periódico para dedicarme a otras cosas. No. Ese día seguí leyendo, y a continuación abrí una de las publicaciones locales del lugar donde me encontraba. En portada y en las principales páginas del interior, se anunciaba a bombo y platillo como los políticos y periodistas locales aplaudían el despliegue de las alcaldías de Palencia y León en pleno, y del ministerio de fomento en parte. Las fotografías a todo color mostraban como estos se paseaban entre las dos capitales a bordo de lo que se supone es otro logro de la modernidad; una nueva línea del ferrocarril de alta velocidad. O más bien de semi alta velocidad.

            ─Pensé─ Aún no se ha aclarado nada del trágico accidente de uno de estos trenes de semi alta velocidad en A Grandeira, y ya se ha inaugurado con todo boato una nueva línea con las mismas características y, supongo, con los mismos fallos y errores que la de Santiago. Supuse con pesar que en según qué ocasiones no se aprende en pellejo ajeno, que no siempre a la fuerza ahorcan. Al continuar avanzando sobre la noticia observé que a pesar de las ofertas económicas iniciales, a partir de navidad lo que sí parecerán de alta velocidad serán los precios. Precios elevados para tramos semi acondicionados debería haber sido el titular. La historia de siempre, mientras las líneas económicas de regionales o Talgo se van por el sumidero, y con ellas las posibilidad de viajar en tren de una amplia cantidad de españoles ─el servicio es caro, carísimo─, las flotas de autobuses que en un primer momento pensaban que el negocio tocaba a su fin, han de aumentar servicios para que todo el mundo pueda hacer el mismo recorrido en el doble de tiempo, mientras, decenas de nuevos y perfectos trenes viajan casi vacíos.

            Pero no quedó ahí la cosa. Al llegar a política nacional de nuevo aparecen los ferrocarriles como noticia. Una individua contesta a una entrevista satisfaciéndose de que Renfe ha llegado a un convenio con Telefónica ─con quién sino─ para adaptar una red wifi en los trenes de alta velocidad. Red que además se extenderá a algunas estaciones de ferrocarril en Madrid y Barcelona. A punto estuve de levantarme entusiasmado de la mesa y asomarme al balcón gritando ¡Monorraíl! ¡Monorraíl! Pero me contuve y busqué más información en las páginas de Renfe.

Vaya, sorpresa, lo que no contaba la noticia anterior es que ese gran despliegue de wifi gratuito solo se instalará de momento en la estación central de Getafe. Suponiendo que el lugar elegido sea en el andén, el asunto nos deja con la idea de que el magnífico servicio tendrá una utilidad mínima, por no decir estúpida. Sin embargo, lo que sí cuenta la noticia es que el servicio le costará al Estado ─a usted y a mi─ más de cien millones de euros. Cien millones en wifi en una estación de ferrocarril y en varios trenes. Mientras, los billetes son prohibitivos y aún siguen sin presupuestarse las obras para dotar a las instalaciones de señalizaciones y frenos automáticos que eviten accidentes como el de A Grandeira. Siguen sin eliminarse los peligrosos pasos a nivel con barrera del centro de algunas ciudades. Eliminándose ─cuando por fin se hace─ de mala manera, como en el caso de Valladolid y su barrio de La Pilarica, donde se cerró un paso subterráneo para abrir otro más seguro pero que aún no ha comenzado a construirse. Evidentemente, las protestas de vecinos y comerciantes que se veían incomunicados durante años no se hicieron esperar, lo que llevó al ministerio y a Adif a crear una circense e insegura plataforma que sirve para salvar las vías y su incompetencia congénita.

            Claro que a todo esto pienso que ya estamos en campaña electoral, y comienzo a comprender ciertas actitudes y discursos cargados de eufemismo y sinvergonzonería. Como los que los verdaderos culpables del accidente de Santiago recitaban en la inauguración del nuevo tramo de semi alta velocidad. Lo hacían como si los ochenta y un muertos no fueran con ellos, como si las mordidas y las coimas de sus amiguetes empresarios ─ que curiosamente se llevan todas las obras de todos los ministerios─ no tuvieran nada que ver con ciertos puntos negros de la geografía española, como si con culpar al conductor de todo fuera suficiente. Aunque aquí he de reconocer que les salió el gorrino mal capado, lástima. Pues el conductor sobrevivió al desastre y ahora se revuelve, y con razón. También se revuelve la mutua de seguros que no quiere aflojar la guita. El conductor según parece será declarado culpable por un juez ─estos también quieren hacer carrera─ de la Audiencia nacional de A Coruña, uno de esos que revocó la imputación presentada en un primer momento sobre doce dirigentes de Adif y Renfe por el juez de primera instancia de Galicia. Lo que no contarán los periódicos después de la sentencia es que el conductor no tendrá dinero para hacer frente a la multa, que se declarará insolvente, y que entonces será el Estado como responsable civil subsidiario el que tenga que hacerse cargo de los gastos ─es decir, usted y yo─. Y todo esto para cubrir las espaldas y los puestos de sus amiguetes y de los políticos que no hicieron bien su trabajo, ya sea por inutilidad o por egoísmo.


            Para terminar de rizar el rizo recordé un post que unos días atrás, había colocado en una conocida red social un cachorro del clan de los Genoveses del norte. En él, aclaraba con cierto triunfalismo ─no olvidemos la pre campaña electoral, o lo que coño sea que vivimos─ que el gobierno había puesto wifi gratis en los trenes. Es curioso el asunto, ese gobierno es el mismo que tras el accidente de A Grandeira se llenó la boca diciendo que la falta de control de velocidad, de señales visibles, de frenos automáticos, y de vaya usted a saber cuántas cosas más era culpa de Adif y solamente de Adif, que a ellos eso no les incumbía en nada. Cosas de la vida, ese mismo gobierno que antes no quería saber nada del accidente ni de los muertos, ahora se felicita porque regala wifi gratis en los mismos trenes que hasta hace un mes no les incumbían para nada. Adif fue el culpable de todo, ahora no es más que un mal necesario para llenarse los bolsillos y hacer campaña. Supongo. 

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