miércoles, 16 de diciembre de 2015

EL EJÉRCITO PAGANO DEL TERCER REICH (I)


          Estuve viendo hace unos días un documental sobra las visitas realizadas por el comandante nazi Henrich Himmler a España. Según este documental, el capitoste nazi visitó las provincias de Madrid, Toledo y Segovia, pero sobre todo realizó una extraña y singular visita a la abadía catalana de Montserrat. Desde luego llama la atención la llegada de la comitiva germana a la estación del Norte de Madrid ─actual Príncipe Pio─, donde fueron recibidos por la Falange y las fuerzas más representativas de la España franquista, entre otros Ramón Serrano Suñer, cuñado del dictador Francisco Franco, Ministro de Asuntos Exteriores, y a la sazón, uno de los mayores germanófilos del gobierno del militar gallego. Pero sorprende mucho más el porqué de esas visitas.

            Esto ocurriría en el año 1940, pero me costaba entender ciertas cosas del documental, algunas afirmaciones quedaban cojas, o se sustentaban de forma muy peregrina. Aprovechando que estaba en casa, me acerqué hasta la sección de historia contemporánea de mi biblioteca,  también rescaté algún libro sobre esoterismo y reliquias que conservo. Con ellos y un café, pasé la tarde releyendo viejos libros que desde hace tiempo acumulo, después de buscar y rebuscar en las librerías de lance de media Europa. Entre los que elegí esa tarde se encontraba la obra de Richard Rhodes; Amos de la muerte. Las SS, instrumentos del terror de Hitler, de Gordon Williamson. La Orden Negra de Óscar Herradón. Las reliquias de Hitler de José Gregorio González, una biografía de Eichmann ─teniente coronel de las SS, y responsable directo de la “Solución Final”─, titulada Vida de Eichmann de Jean Posenthal, publicada en 1963 en Barcelona, y varios tratados de esoterismo nazi, runas y ariosofía ─algunos más novelescos que otra cosa─ que conseguí en mi última estancia en Buenos Aires ─no se debe obviar, que esa capital Latinoamericana recibió a muchos de los altos cargos nazis en su huida desesperada de Europa, tras finaliza la II Guerra Mundial. Entre otros al propio Eichmann, hasta que fue secuestrado por el Mossad y trasladado a Israel─. Así, después de mucho rato de lectura, un par de cafés y de alguna risotada, conseguí entender el cómo y porqué del viaje a España, y sobre todo de la visita a la abadía de Montserrat, realizada por la que fue una de las mentes más macabras de la historia contemporánea europea. Para ello hay que remontarse un poco atrás en el tiempo, concretamente hasta el año 1925, o más bien hasta 1923.

            Es en este año cuando Adolf Hitler comienza a desconfiar de las SA, su tropa de asalto, que a pesar de haber permanecido siempre leal a la causa, había crecido demasiado en número. Esta amplitud hacía que el futuro Fürher desconfiara de ellas y de sus pretensiones, no en vano las crónicas hablan de las intenciones y conspiraciones de éstas para escapar al poder del partido nazi. Es entonces cuando Hitler decide crear un nuevo cuerpo de seguridad personal, que denominará Stabswache, este cuerpo contaría con tan solo dos miembros fieles que acompañarían al pequeño Adolf en todos sus desplazamientos. Pero como comprenderán, y teniendo en cuenta la magnitud que tomó la idea y el aparato del partido nazi, esta escolta personal en seguida se quedó corta, y Hitler añadió a ella nuevos miembros, rebautizando al grupo como Stosstrupp Adolf Hitler, o lo que es lo mismo; Tropas de Asalto Adolf Hitler. Grupo que una vez remodelado, y estructurado a gusto del futuro dictador, pasaría a conocerse como las Schutzstaffel ─Escuadras de Defensa─ o SS. Posiblemente uno de los grupos más temido ─sino el que más─ de la historia del mundo reciente.

            Es aquí donde aparece el bueno ─entiéndanme la ironía─ de Henrich Himmler. Un chico de  familia católica y acomodada de Baviera, que pasaría a la historia como el instigador, y posiblemente máximo artífice de las matanzas metódicas y sistemáticas de judíos, polacos, católicos, gitano, homosexuales, comunistas, testigos de Jehová, enfermos mentales y en definitiva, de todos aquellos grupos no arios, y por lo tanto, considerados inferiores y prescindibles para el nuevo orden social y político que tenía pensado llevar a cabo.

             Himmler pasaría a formar parte de las SS en 1924, el número de soldado que le correspondería sería el 168. Su labor de reclutamiento y servicio al Fürher fue tan bueno, que éste le nombraría con tan solo veintiocho años Reichsführer ─líder de las Escuadras de Protección─. Era el año 1929, pero desde dos años antes, Himmler, ya era Diputado de las SS, y una de las personas que estaba a cargo de la propaganda del partido nazi. Será en 1933 cuando Hitler asuma la Cancillería alemana, Himmler le recibe con los cincuenta y dos mil hombres que ha reclutado para formar parte de las SS. Lo que en su momento nació como una pequeña guardia personal de Hitler, se había convertido ahora en un ejército ario, integrado en una estructura jerárquica que imitaba a la de los jesuitas, a pesar de su odio mortal hacía ellos. Además, el grupo estaba formado por jóvenes pertenecientes a las familias de clase media y alta de Alemania.

Himmler se encontraba en la cima del partido y del país, o casi. Solo Adolf Hitler lo superaba en poder. Hitler se había ganado el poder y el reconocimiento de las gentes por su oratoria, aprovechando la pésima situación socioeconómica del continente. Pero era Himmler el que le había garantizado la seguridad y la fuerza. Himmer era el que había vertebrado a la bestia, y todos eran conscientes de ello. Por eso mismo a nadie sorprendió cuando un año después, Himmler, se hubo convertido en el director de la Gestapo, de la R.S.H.A ─Oficina Central  de Seguridad del Reich─, y en Ministro de Interior.


Fue entonces, cuando borracho de poder y de reconocimiento, Himmler, dejó paso a su perfil más obsesivo. Buscó por todos los medios enlazar al partido nazi con las leyendas medievales germanas, y con el pasado mítico alemán. Nacía así el Mago Negro de las SS. [Continuará]

No hay comentarios:

Publicar un comentario