jueves, 25 de febrero de 2016

EL NOI DEL SUCRE

           
          Durante los primeros años del siglo XX apareció en el panorama catalán en general y barcelonés en particular un sangriento escenario, fue un punto de no retorno, una especie de guerra civil, de ataques y venganzas que siempre surgían en torno al sector industrial y obrero de la capital catalana. Los bandos eran marcados, aunque vistieran de forma similar y actuaran de manera parecida. Pero su finalidad era distinta.

            Por un lado estaban los empresarios, los dueños de las empresas, de las industrias, de las plantas de trabajo que explotaban a los trabajadores exprimiéndolos al máximo por un sueldo mínimo, sin apenas descansos y por supuesto sin derechos sociales, de enfermedad o jubilación. Éstos, los dueños del parné, tuvieron que enfrentarse en un momento dado a la aparición de los sindicatos, que en aquella época sí se preocupaban por los trabajadores, y se partían la cara con quien fuera para defender sus intereses y sus derechos. Los obreros, viéndose amparados por los sindicatos, y realmente convencidos de que debían luchar por sus derechos, comenzaron a llevar a cabo huelgas, protestas y manifestaciones, lo que evidentemente no gustó a los empresarios, que tenían más parné que paciencia, y mucho más aún que empatía para con sus trabajadores.

            Las huelgas iban a más, los anarquistas se metieron por medio y radicalizaron algunas marchas y protestas. Los empresarios tiraron, como se suele decir, por la calle de en medio, pensado ─supongo─ que esa era la forma más sencilla para acabar con las luchas y peticiones obreras. Así fue como apareció la Unión de Sindicatos Libres, un sindicato nacido a manos de militares carlistas catalanes, que se fundó en el año 1919 en el seno del Ateneo Obrero Legitimista. Pronto este sindicato formó una especie de brazo armado, que se ofreció o que colaboró en cierta manera con los empresarios de la ciudad. Auspiciados por Eduardo Dato, el empresariado catalán, el gobernador civil de Barcelona, el general Martínez Anido y  más tarde por del dictador Primo de Rivera llevaron a cabo una forma de terrorismo de Estado. El sindicato contaba con una serie de matones, denominados como Pistoleros Blancos, que se dedicaron a atacar, secuestrar y asesinar a destacados trabajadores y sindicalistas, para intentar así frenar sus reivindicaciones. En el otro bando evidentemente estaban los obreros, los sindicalistas y los anarquistas. Como se imaginarán el asunto no acabó muy bien que digamos.

            Recordaba esta época convulsa que ahora ignoramos en demasía, pensando que los derechos de los trabajadores ─esos que ahora cada vez son menos derechos. Pisoteados y vilipendiados ante la estulticia de los políticos y el inmovilismo de los trabajadores─ aparecieron de forma mágica y limpia, cuando en realidad fueron conseguidos a base de lucha, de valentía y de insistencia. Lo recordé mientras buscaba otra información diferente, así me encontré con una copia de la cabecera del diario El Sol del día 11 de marzo de 1923, en ella se podía ver la imagen de un tipo bien vestido, elegante, tocado con sombrero. En la página se leía: Anoche fue muerto a balazos, en las calles de Barcelona, el “Noy del Sucre”

            El Noy ─o noi─ del Sucre, fue un tipo que se movió por este mundo como pez en el agua, aunque fue muy diferente al resto de sindicalistas que había por las calles de Barcelona. El Noi del Sucre, que en realidad se llamaba Salvador Seguí Rubinat, natural del pueblo leridano de Tornabous, fue uno de los más destacados anarcosindicalistas de la España del siglo XX. Pintor de profesión, de formación autodidacta y seguidor de la Escuela Moderna de Francisco Ferrer y Guardia. Desde joven se relacionó con personajes importantes de la cultura y de la política que se encontraban en el Ateneu Enciclopèdic Popular. Con 29 años fue nombrado presidente del Ateneo Sindicalista, y allí fundó y organizó su biblioteca ─convirtiendo el lugar en el centro Superior de Estudios Sindicalistas y Anarquistas─. Desde el primer momento intentó convencer a las clases obreras de que el mayor arma de la revolución era la educación, la preparación intelectual, cultural y técnica de los trabajadores.

            En el año 1916 comenzó a negociar para que la CNT y la UGT llevaran a cabo un pacto de unidad, un frente único para llevar a cabo una huelga general de veinticuatro horas, que continuaría con la huelga indefinida del año 1917. Un año después fue elegido secretario de la CNT de Cataluña, donde siguió defendiendo la educación como bandera de la clase obrera. En diferentes congresos posteriores criticó y se opuso a las acciones más exaltadas, más violentas llevadas a cabo por diferentes miembros ─compañeros─ de la CNT. De la misma manera propuso en diferentes actos llevados a cabo por toda España que la CNT se retirase de la Tercera Internacional.

            Fue detenido en numerosas ocasiones por sus ideas y su lucha, pero sobre todo llama la atención su participación durante la huelga de la eléctrica conocida como La Canadiense, a pesar de estar detenido, consiguió quedar en libertad el día en que se puso fin a la misma, pero aun así fue capaz de llegar a la plaza de toros de las Arenas de Barcelona, donde se había organizado la asamblea del comité de huelga e informar mediante su gran oratoria de los acuerdos alcanzados en las reuniones con el gobierno.

            Después de esta victoria conseguida para la clase obrera fue detenido y deportado, junto al histórico Lluís Companys y otras treinta y siete personas más al castillo mahonés de la Mola. Ya en libertad y de nuevo en Barcelona, paseaba junto al también anarcosindicalista Francisco Comes “Perones”  por la calle Cadena de Sant Rafael del barrio de El Raval, donde los pistoleros blancos del Sindicato Libre los esperaban. El Noi del Sucre murió en el acto, y su acompañante fallecería días después.


            Esta época de plomo terminó con veinte pistoleros blancos asesinados por grupos de trabajadores o anarquistas, que acabaron con ellos en respuesta a las más de doscientas muertes de obreros asesinados a sangre fría por las calles de Barcelona. Como la mayor parte de los muertos que se produjeron durante esta época, la figura de Noi, el sindicalista que condenaba la violencia de algunos compañeros, que buscó que la base de la lucha obrera se centrara en la educación y que en otra época, y gracias a su oratoria, podría haber llegado a cualquier estamento político del país defendiendo a los obreros, también quedaría en el olvido durante demasiados años. Enterrada, junto a su cuerpo en el cementerio de Motjuic, donde sigue a día de hoy, a unos pocos metros de la tumba de su querido Ferrer y Guardia ─padre de la Escuela Moderna─.