jueves, 14 de abril de 2016

LA MUJER QUE DIJO CONVERTIRSE EN CALABAZA

          
           «A las doce de la noche me convierto en calabaza.» Esa fue la última frase pronunciada por la expresidenta de Argentina, Cristina Fernández, antes de abandonar el poder del país latinoamericano. Después se retiró a su lujosa mansión construida en El Calafate ─Patagonia argentina─ que mantiene con un dinero que ahora parece que puede traerle dolores de cabeza ─todos los dolores de cabeza que le puede acarrear a un político una acusación de corrupción, que me temo son pocos─.

La acusación por compraventa de dólares ─por la que también han declarado el exministro de economía y el exdirector del Banco Nacional─ no la asusta, se vio ayer en los tribunales porteños de Comodoro Py, cuando fue ovacionada por una marea de militantes y simpatizantes organizados por La Cámpora. Desde el primer minuto éstos ocuparon la avenida, permitiendo o no el paso a los que ellos querían, agrediendo incluso a periodistas contrarios a su líder, lanzando gritos, insultos y amenazas al juez Bonadio que le tomaba declaración en su interior. Hace un par de días la hija del magistrado aseguró, a través de una red social, que ni su padre ni nadie de su familia tenían intención de suicidarse, en clara referencia al caso del fiscal Nisman, aún por resolver.

La salida de los juzgados de Fernández de Kirshner fue sin duda una puesta de largo, un acto inaugural, un pistoletazo de salida en el plan de la posible nueva candidata para las elecciones del 2019 por el partido peronista Frente por la Victoria. Un mitin en toda regla, una jugada maestra de Fernández de Kirchner, convirtiendo su acusación por corrupción ─ le sobrevuela otra por concesión ilegal de obras públicas y lavado de dinero. El constructor cercano a ella y a su partido, Lázaro Báez, ya ha sido detenido y puesto a disposición judicial─ en un acto político, quizá el primero de la próxima campaña electoral. Allí decidió escudarse detrás de una supuesta persecución política, escondiendo la verdadera razón por la que se le juzga a ella y parte de su plantel: la corrupción y el robo de fondos públicos. Ha buscado, para sus seguidores lo ha conseguido, igualar esa citación judicial a la persecución, expulsión y escarnio público que recibieron Hipólito Irigoyen en 1930 y Juan Domingo Perón en 1955.

Mal futuro le espera a un país en el que la supuesta izquierda se comporta como la derecha ─Perón, su líder histórico, ya se refugió en la España franquista cuando fue derrocado. Tal vez por ello, la expresidenta busque reflejarse en la figura mucho más social de Evita, y ni siquiera quiera recordar a Isabelita─, y donde la derecha se comporta como se esperaba de ella: ajustes, tarifazo, subida de precios, despidos y recortes. Donde el cabeza del nuevo gobierno de la derecha, Mauricio Macri del Pro, aparece tras poco más de cien días de gobierno en los papeles de un paraíso fiscal de Panamá. Una derecha que a pesar de intentarlo, no ha disipado ─quizás no lo consiga nunca─ los fantasmas de la dictadura, de los milicos y de los desaparecidos. Que ha subido los impuestos y los precios del trasporte de la capital ─aunque eso tiene truco, pues las demás provincias pagaban ya muchos más impuestos para que en la capital y su provincia los gastos de luz, agua y trasporte salieran casi gratis a sus habitantes─. Con un jefe de legislatura en la capital, Horacio Larreta, que prácticamente le puso la pistola en la mano y la bala en el corazón de René Favarolo, una de las mentes más brillantes del país, que se suicidó ahogado por las deudas derivadas de las facturas no pagadas por la organización que el ahora “alcalde” de la capital dirigía en aquel momento.


Un país que en vez de respuestas, ante el más que posible fraude fiscal del presidente de la nación, se encuentra con la posición de barras bravas llevada a la política nacional por la oposición. Con su heroína acusada de corrupción, y que usa cualquier motivo para darse un baño de masas. Capaz de movilizar a una gran parte de la sociedad que la apoya hasta en sus desbarres, en sus sucios tejemanejes que la hicieron mucho más rica a la vez que hacían a los argentinos muchos más pobres. Una actuación mucho más cercana a la del líder de una secta que a la de un partido político, que ya moviliza a sus militantes para tumbar el gobierno elegido en las urnas, como ya hicieron antes con  Ricardo Alfonsín o el de Fernando de la Rúa. Pero de eso ya parece no acordarse nadie. Tal vez ese sea el problema, la desmemoria que ayuda a que los gobiernos se comporten como se comportan: paternalistas y corruptos, sea cual sea su ideología, si es que aún saben que es eso. Al fin y al cabo, y de eso sabemos mucho en España, la corrupción la siguen amparando muchos ciudadanos en las urnas, para después salir a las calles a jalear a sus líderes, en vez de esconderse y maldecirlos por haberles utilizado. 

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