jueves, 7 de julio de 2016

MARE MORTUM


                Hay pocas oenegés que merezcan tanto mi admiración y respeto como Médicos sin Fronteras. No ya por su oficio, importante y necesario sin duda, sino por su actitud. En un mundo repleto de salvapatrias trafulleros, de cínicos con moral laxa y verdaderas aberraciones humanitarias con valija diplomática, la actitud de los miembros de Médicos sin Fronteras es un ejemplo de integridad. Una bofetada de sentido común contra la aberrante estulticia emanante de las instituciones gubernamentales, y de los países miembros de esa casa de putas a la que muchos siguen denominando Unión Europea. Su lucha ten con ten contra la política anti refugiados de la Unión es, como mínimo, un analgésico contra tanto mal nacido.

            Tras el bochornoso pacto entre la Unión Europea y Turquía para que estos últimos se quedaran con todos los refugiados a cambio de seis mil millones de euros, los de Médicos sin Fronteras han comenzado a hacer la guerra por su cuenta: y la van ganando. Su último puñetazo sobre la mesa, pero que los políticos de la Unión ─de tener alma─ habrán recibido sobre sus caras, ha sido rechazar cualquier fondo de la Unión Europea y de sus países miembros por su degradante, insidiosa e inútil política migratoria. Mientras hacen esto, por otro lado han lanzado su barco ─el Dignity I─ al Mediterráneo, para salvar a todos los refugiados que les sea posible de los tres puntos más peligros que les acechan en cuanto deciden salir de sus países devastados: los grupos terroristas, morir ahogados, o caer en manos de los guardacostas sin corazón, que les apalean justo cuando están a punto de morir de cansancio y deshidratación.

Así, esta oenegé hace frente a la tragedia de los refugiados sirios, drama por sí sólo, que se ha enquistado con la venta de personas en pleno siglo XXI. Todo después ─no lo olviden─ de que los próceres de todo a cien que nos gobiernan ─cuando hay un idiota en el poder es porque los que lo eligieron están bien representados─ revolvieran con cerillas y gasolina el avispero de Oriente Medio. Después de que el trío de la Azores montara su particular orgía de sangre, odio y petróleo ─armas de destrucción masiva inexistentes de por medio─ en Irak. Ese fue el inicio, la chispa que encendió la mecha, el culpable de que hoy el asunto en Oriente Medio pinte a dulce de leche con picatostes.

 Recuerden la guerra de Irak, lo que nos decían y lo que ha resultado ser. Ahora que se sabe la verdad, ahora que se sabe que lo de las armas de destrucción masiva fue un cuento chino, ahora que los informes declaran que todo fue una mentira para conseguir el petróleo, ahora que se ha demostrado que el país y la zona es más insegura y peligrosa que antes de la actuación del trío salvapatrias y sus palmeros de gabinete. Pues bien, ahora va nuestro Pinocho patrio Federico Trillo, gran estratega y mejor persona, y dice que España no participó y que por eso a nosotros lo de los refugiados ya tal... Con dos cojones. Pero dejemos esto para otro día, que ya noto como me cae la salivilla por el colmillo y no es lo que buscaba.

 A lo que iba. Después de meter la pata hasta el corvejón, pasándose por la calandria a Sadam ─que era un sátrapa y un cabrón con balcones a la calle, pero que tenía controlados a todos los demás cabroncetes de la zona─, el trío de las Azores se largó dejando el país hecho unos zorros, y con toda una panda de descerebrados buscando ocupar el espacio de poder dejado por Sadam y sus muchachos a base de bombazos, inmolaciones y sacar lustre al Kalashnikov entre las vísceras del primero que se ponga a tiro. Un espacio, que tras una invasión no sé si ilegal, pero si inmoral y chapucera que te rilas, la triple Alianza de las Azores no quiso, o no supo, controlar porque no contaban con un plan B ─visto lo visto,  dudo que tuvieran ni tan siquiera un plan A─. Su idea, los imagino planeándolo todo sobre un mapa dibujado por Bush junior, era: llegamos, ganamos a los malos y nos vamos en dos días con las alforjas llenas de petrodólares, para que después nuestros respectivos conciudadanos ─aquí podemos poner súbditos─ nos reciban en una cabalgata de confetis y aplausos al más puro estilo Yankee.

Pero claro, como suele ocurrir en estos casos, el marrano les salió mal capado y ahora tenemos decenas de guerras civiles, centenares de grupos armados que controlan los múltiples Reinos de Taifas que son los países en conflicto, y millones de personas que tienen que huir de sus países de origen, no porque no haya trabajo o porque el gobierno sea corrupto y les robe el futuro como pasa en España, sino porque esos tipos del fusil de asalto y las bombas en los chalecos los están masacrando solo por existir. Familias enteras, no solo pobres y sin recursos, sino acomodadas y con una vida trabajada y ganada a pulso como la suya querido lector, se ven lanzándose desesperadamente al mar Mediterráneo en busca de no ser masacrados en sus propias casas. Para después de todo, ver como la fragante y dicharachera Europa ─esa casa de putas, que les avivó el avispero donde ahora mueren a centenares─ se lava las manos, sin querer saber nada de ellos, malvendiéndoles como productos de segunda mano a Turquía.

Eso los que tienen suerte, porque otros no llegan, ampliando la lista de ahogados en el Mare Nostrum de los romanos, y que ahora nuestra civilización ─si es que a la Europa de hoy se la puede considerar civilizada─ deberían rebautizar como Mare Mortum, pues es la fosa común más grande y olvidada del mundo.

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